lunes, 31 de mayo de 2010

Síndrome de Williams y procesamiento facial




El descubrimiento de la plasticidad cerebral permitió ver que la localización específica de las funciones no era inamovible, que por el contrario el cerebro era más flexible y tenía capacidad de modificarse. Sin embargo, el cerebro es más complejo de lo que en un inicio les pareció a los científicos, ahora viene el dilema nuevamente. En los últimos años ha estado en voga en muchos laboratorios de neurociencias un descubrimiento curioso: que el cerebro tiene la fantástica habilidad de reconocer caras. 

A través de estudios de Resonancia Magnética Funcional (RMF) (una técnica para tener una imagen del cerebro mientras la persona está realizando una tarea, como detectar caras), se ha detectado que el área llamada girus fusiforme (FFA siglas en ingles: face fussiform area) se activa cuando se le presenta a una persona caras humanas, pero no cuando se le presentan otros objetos como tenedores, carros, etc. 

Ésta área empezó a estudiarse desde 1947 cuando un hombre con una lesión cerebral perdió la capacidad de reconocer a sus amigos y a su familia. El Dr. Joachin Bodamer, estudió el caso y llamó a esta deficiencia de reconocimiento de los otros individuos: “prosopagnosia” (del griego πρόσωπον: aspecto, y de γνωσία agnosia: desconocimiento, es decir, no saber quien está frente a ti). Hasta ahora se ha visto que en adultos con lesiones en FFA no se puede sustituir tan fácilmente esta función, pero el sujeto puede distinguir a los otros, a través de la voz, el tamaño del cuerpo, la forma de caminar, de moverse, etc.

Por otro lado, en un intento por entender por que o para que tenemos un área especializada en detectar caras, los investigadores plantean posibles hipótesis basadas en la evolución del hombre. ¿Serviría también diferenciar tipos de carros? Evolutivamente no sería posible desarrollar un área dedicada a diferenciar carros, pues estos apenas se inventaron hace menos de 250 años y aunque ha habido carruajes y distintos tipos de transportes, realmente es demasiado insignificante evolutivamente como para que nuestro cerebro se preocupara por diferenciar automóviles. 

El cerebro igual que todo nuestro organismo ha evolucionado para hacernos cada vez más aptos al medio y sobrevivir. La capacidad de reconocer y diferenciar humanos es vital. ¡Imagínate que no pudieras distinguir entre tu mamá, el vecino y un desconocido que acaba de pasar frente a ti! ¡O que no supieras cuando tu papa está enojado o feliz! ¡O que cuando te ves al espejo no te reconocieras! ¿Qué pasaría? ¿Cómo serían las relaciones sociales tan importantes para nuestra sobrevivencia? Así que tener un área especializada en detectar caras ¡es un gran alivio!

Y ahora ya que tenemos un marco de referencia para entender el artículo aquí les dejo la traducción del mismo publicado el 11 de mayo por la Universidad de Stanford. (descargue aquí el original)

Como el cerebro procesa imágenes faciales

Informe de Stanford, 11 de mayo 2010

El equipo mediante Resonancias Magnéticas en sujetos con síndrome de Williams, encontró que sus cerebros muestran una enorme actividad en el área donde se procesa la información acerca de los rostros..
Por:  Adam Gorlick

Si usted decide mirar fijamente a la cara de un desconocido durante mucho tiempo es probable que sucedan dos cosas: usted se sentirá incómodo y hará que el desconocido se disguste también. La mayoría de los individuos sabemos esto de manera natural, pero no así las personas con síndrome de Williams, pues su rara condición genética tiene una amplia gama de irregularidades físicas, problemas de aprendizaje y peculiaridades de comportamiento - incluyendo cerebros más pequeños y la fascinación con las caras.
"Las personas con síndrome de Williams, de alguna manera, muestran un perfil de comportamiento social contrario de lo que se manifiesta en el autismo", dijo Allan Reiss , un psiquiatra y neurocientífico de la Escuela de Medicina de Stanford que ha estudiado el síndrome de Williams durante unos 25 años . "Los individuos con Williams tienen una gran capacidad de relacionarse con otros, especialmente en la interacción directa cara."
Investigadores de la Facultad de Medicina del Centro Interdisciplinario de Investigaciones sobre Ciencias del Cerebro y el Departamento de Psicología de la visión y percepción del laboratorio de Neurociencia , en colaboración con Reiss han llegado a una mejor comprensión de lo que hay detrás de que la fijación facial.

Los investigadores (de izquierda a derecha): Allan Reiss, Kalanit Grill-Spector y Golarai Golijeh

El equipo realizó exploraciones en 16 adultos con síndrome de Williams mediante resonancia magnética funcional  y encontraron que sus cerebros muestran una enorme actividad en el área fusiforme de la cara, que procesa información acerca de las caras.
"Los adultos con síndrome de Williams dedican casi el doble de actividad funcional en gran parte de su corteza fusiforme al procesamiento facial, en comparación con adultos sanos", dijo Golijeh Golarai, asociado de investigación en psicología. "Es una diferencia bastante significativa."
Golarai es el autor principal de un artículo publicado esta semana en el Journal of Neuroscience que describe los resultados investigados..
Debido a que en todas las personas con Síndrome de Williams faltan los mismos genes, los investigadores están usando sus hallazgos para cuestionar si la actividad cerebral mayor que  detectaron realmente tiene sus raíces o está maquillada bajo el tema genético.
Y las respuestas - que los investigadores esperan obtener de más experimentos que están planeando - ayudarán a determinar el grado en la que genética y experiencia determinan el comportamiento social en el síndrome de Williams, haciendo así aporte a la discusión "naturaleza versus crianza".
"Supongamos que uno de estos genes faltantes su labor es influenciar cuánto tiempo se queda mirando a la cara de alguien, y el efecto de este gen sería reducir el tiempo en que los niños miren las caras en un momento dado durante el desarrollo", dijo Kalanit Grill-Spector , profesor asociado de psicología. "Para alguien con Williams, si ese gen no apaga su interés en los rostros (porque no lo tienen), pasarán más tiempo mirando a la cara. Si ese es el caso, nos da un ejemplo de cómo un efecto genético dirige a la experiencia y nos dice cómo los dos interactúan para darle forma al cerebro ".
Aunque el síndrome de Williams es relativamente raro, su estudio podría arrojar más luz sobre el autismo - un trastorno del desarrollo mucho más frecuente cuyos síntomas incluyen problemas en el comportamiento social-.
"Si entendemos cómo los genes y el medio ambiente afectan al desarrollo del procesamiento facial, podría enseñarnos algo realmente valioso acerca de las personas que tienen autismo o síndrome de X frágil, condiciones asociadas con una tendencia a apartar la mirada del rostro", dijo Reiss.

Agradecemos los enlaces a las publicaciones originales:
http://news.stanford.edu/news/2010/may/williams-syndrome-051110.html
http://cerebrarium.blog.com

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