jueves, 24 de junio de 2010

No, estoy lejos, sólo estoy al otro lado del camino



La última entrada que hice a finales de la semana pasada, pedía que fuera cual fuera su religión o credo, realizáramos una petición por Franco "una legítima solicitud de apoyo y fuerza moral para él y su familia".
Y seguramente lo hicimos, algunos cuantos durante todo el día, otros apenas sí cuando leyeron la nota. En realidad, cualquiera de los casos fue de significativa ayuda.
Hoy Franco está en un mejor lugar, donde no existen enfermedades y solo hay dicha, descanso y luz.
Franco dejó a su familia el domingo pasado, a unas horas de haber salido de su larga y complicada cirugía: su pequeño corazón ya no pudo más a pesar de los esfuerzos médicos y los deseos fervientes de padres y amigos de que recobrara su salud.
No he conocido personalmente a sus padres, pero de haberlo hecho seguramente mi opinión habría sido la misma que tengo ahora: Miroslava y Ricardo son padres extraordinarios.
Recibieron el diagnostico de Franco hace poco mas de un año y aunque fue un trago amargo e inesperado (como sería para cualquier padre) no le dieron la espalda y al contrario siguieron acompañándole día y noche por el difícil camino de entender una enfermedad que pocos médicos conocen y saben tratar y mucho menos explicar a los padres. Pero sus valientes padres tomaron el "toro por los cuernos": había un nuevo reto frente a ellos, descubrir e investigar todo acerca de la situación de Franco un diagnóstico sin mucha explicación, no fue suficiente, había que saber lo más posible, se unieron a grupos de apoyo virtuales y crearon así su propia red informativa y además generosamente compartían sus experiencias a través de un blog, permitiendo que la información circule en la red para que la ayuda llegue a la mayor cantidad de familias y profesionales de la salud de manera directa o indirecta.
Franco es una luz que iluminó sus días, les lleno de alegría, les hizo conocer y descubrir sentimientos que no sabían que serían capaces de sentir y con su carita tierna se robó el corazón de todo quien lo conoció.
Franco, ahora ya no está físicamente, pero vive día a día en la mente de su familia que lo amó y lo amará siempre. Le extrañaran sus padres y su hermanita que a su corta edad y en su mente infantil seguirá compartiendo con él una y otra vez los momentos felices.  Sus abuelos y tíos que ahora encontrarán nuevas maneras de recordarle siempre.
El propósito de escribir esta nota es porque así como pedimos por su recuperación, ahora pidamos por la fortaleza para su familia y honremos la memoria de Franco, felicitando a sus padres por su valentía y entrega.
Me tardé para escribirla porque tenía tantas ideas revoloteando en mi cabeza, no hay una manera sencilla de decir lo complicado que resulta entender esos lazos que se establecen cuando la empatía hacia los que se conocen en un mundo virtual resulta tan familiar y conocida que se sufre y se ríe a la par. No es mi propósito ser impertinente, el mundo sigue su curso y todos con el, pero no puedo pasar a otra cosa así como así.
Y solo me queda recalcar mis más sinceros deseos de sanación para toda la familia, es muy fuerte enfrentar un nuevo día en esta nueva realidad. Pero el amor y la fuerza que siempre tuvieron para Franco los hará seguir unidos hacia delante, porque siguen siendo su familia: La familia de Franco.
Pequeño Franco: donde quiera que estés, quiero decirte que en tu corto viaje por esta vida, a través de tus padres has ayudado a muchas familias que tienen un angelito como tú.
Y me siento afortunada de haber podido tener siquiera un acercamiento a tu vivir, una mirada aunque fuere virtual a tu vida, porque conocer a alguien con Síndrome de Williams es uno de los mejores momentos que puede alguien tener en su vida.
¡Simplemente ustedes son personas fabulosas!



Con mucho cariño y respeto para Franco y su familia.


La Oración de San Agustín

¡Si conocieras el amor de Dios y lo que es el Cielo!
¡Si pudieras oír el cántico de los ángeles y verme en medio de ellos!
¡Si por un instante pudieras contemplar, como yo, 
la belleza ante la cual todas las bellezas palidecen!
Me has amado en el país de las sombras, 
¡y no te resignas a verme en el de las eternas realidades!
Créeme, cuando llegue el día que Dios ha fijado y tú alma venga a este cielo, 
en que te ha precedido la mía, me encontrarás transfigurado 
y feliz, no esperando la muerte, sino avanzando contigo por los senderos de la luz.
Morirse no es nada importante... sólo me he ido al cuarto de al lado.
Pero yo sigo siendo yo, igual que tú sigues siendo tú.
Seguimos siendo lo que éramos el uno para el otro.
Sigue llamándome con el nombre de siempre,
háblame igual que lo hacías antes,
no emplees un tono diferente,
ni más solemne ni más triste.
Sigue riendo con lo que nos hacía reír juntos.
Reza, sonríe, piensa en mí, reza conmigo,
que mi nombre se oiga en casa igual que siempre,
sin énfasis ni temor alguno.
¿Por qué tendría que estar yo lejos de tus pensamientos?
¿Simplemente porque tus ojos no me ven?
No, estoy lejos, sólo estoy al otro lado del camino.
Todo va bien.
Enjuga, tu llanto, y no llores.




Un abrazo a la distancia.
Vero y Daniel

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